CReSA and the New York City

Tras tres meses de estancia en New York toca hacer las maletas y volver a la realidad. Parece increíble que el tiempo haya pasado tan rápido y que a la vez sintamos la nostalgia de las grandes rupturas.

He intentado escribir algo entretenido sobre nuestra experiencia Neoyorkina en varias ocasiones y no me ha salido nada digerible nunca, así que seré muy breve.

Poder disfrutar de una beca para trabajar en un laboratorio distinto al propio es un PRIVILEGIO y como tal me siento agradecido al Ministerio español y al CReSA por haber permitido hacerlo realidad. Mi experiencia no ha hecho sino reafirmar esta práctica no sólo como un privilegio, sino casi como un deber para todos aquellos investigadores que puedan competir por una ayuda pública para llevarla a cabo.

A uno se le quita el pelo de la dehesa tras unos días fuera, disfrutando de la forma de trabajar y de vivir de otros lugares. Lo de New York no vale como ejemplo, pues en sí mismo es tan extraordinario y diverso que ni siquiera puede considerarse Estados Unidos. Creo que el primer paso para llegar a crear una aleación tan fantástica, sería prohibir el “inbreeding” asentado en la península ibérica desde hace tantas y tantas generaciones.

Mezcla de colores y de olores, eso ha significado para mi New York. O más bien, compartimentalización de olores: curri con Ginger de la 14 a la 16; Chile Chipotle en la Segunda Avenida…

No sé si he aprendido mucho no, pero he ido a más seminarios en 3 meses que en los últimos dos años juntos. Hay gente “flipante“ por ahí (y esto sólo hablando de ciencia); necesitamos traernos a alguno de vez en cuando; no sé cómo, pero es la única manera de renovar nuestro entusiasmo y proveernos de ideas nuevas…

Hasta dentro de muy poco

Fernando el Newyorker

Conoce algo más al autor de este post:

Cap del Programa de Sanitat Animal. IRTA-CReSA. fernando.rodriguez@irta.cat